El pequeño desfile de Carnaval nos sorprendió en una mañana húmeda y fría al doblar una de las calles céntricas de la Coruña. Contrastando con la luz grisácea del día y de los edificios, las carrozas lucieron los rojos, los azules, los blancos...
Eran las seis de la tarde de un caluroso día. El coche permanecía pegado a la pared de la casa de piedra buscando en la sombra una frescura inexistente, mientras esperaba paciente el final de la ceremonia.